domingo, 15 de febrero de 2009

FILOSO Y EL SALTO DEL TIGRE (CUENTO)

FILOSO Y EL SALTO DEL TIGRE
Estábamos todos sentados alrededor del centenario velador de piedra que había en la parte delantera de la Casa Vieja. Centenario no sólo en años, sino también en vivencias y tertulias. Reinaba una calma podre[1]. Era después de almorzar. Calor de agosto gallego. Seco, con pequeñas dosis de humedad y un viento racheado y fresco que aliviaba el posible bochorno que propiciaba la época. Unos dormían como benditos, otros leían el periódico (o Mentireiro[2], como decía mi abuelo Luis) y los más, al tiempo que mantenían una conversación bastante incoherente, luchaban por no caer en los embaucadores brazos de Morfeo como un niño pequeño se adormece plácidamente en el colo[3] de su madre.
Nosotros, los chavales, jugábamos en la soleada era con un simulacro de volante a viajar por diferentes lugares de la geografía gallega. El viaje, en esta ocasión, lo proyectamos a Catoira[4], a la fiesta vikinga. En aquellos tiempos más de uno pensábamos que alguna vez participaríamos en dicho acontecimiento tan peculiar y, según nuestros mayores, “trasgresor en toda regla”.
En este ambiente relajado y algo soporífero, se acercó a nosotros el hijo del casero, Carliños o do anel[5], pues dicen que fue engendrado una noche de San Juan en la que el padre le había regalado a su mujer Teresa una sortija de oro. El chaval se sentó en una silla de hierro y soltó la pregunta que le bullía en la mente sin el más mínimo miramiento a los que aún mantenían la mente despierta:
―¿Qué es el salto del tigre?
Mi madre dejó de hacer punto al instante y miró a mi tío Filoso fijamente. Con esa fuerza moral que caracterizaba a las mujeres de la familia le “leyó” mentalmente la cartilla y le “informó” de que estaba al acecho de cualquier respuesta inadecuada o vulgar. Sabía de su no disimulada predilección por explayarse en todo aquello que lindaba, o tocaba de lleno, como decía él eufemísticamente, el asunto de la horizontal. Esa mirada dictó una sentencia imposible de recurrir: ¡Como digas algo inoportuno...!
Como buen gallego, según los malditos tópicos que habitan en nuestra extensa piel de toro, mi tío le contestó, para ganar tiempo, con una pregunta:
―¿Y por qué dices eso?
―Porque ayer, después de hacer mucho ruido en su cuarto, mi padre le dijo a grito pelado y fuera de sí a mi madre: ¡Y mañana te vas a enterar, mañana te hago el salto del tigre! Y yo no quiero que él ―lo llamaba así, deícticamente, cuando se enfadaba con su progenitor― le haga daño a mi madre. La maestra me lo dijo muy claro esta mañana: El tigre es uno de los animales más agresivos y peligrosos de la selva.
Mi tío Filoso, después de pensar mucho la respuesta, y para calmar el malestar que turbaba la mente de Carliños, le dijo:
―Mira, rapaz, escucha bien. El salto del tigre es un ejercicio gimnástico que todos los mayores conocemos, que algunos dicen que en su juventud lo han practicado ―los más mentireiros[6] proclaman que aún lo llevan a cabo―, pero que realmente no hay testimonios de tal hazaña. A decir verdad, malandrines de la horizontal[7] los hay como las setas, ¡a cientos!, pero nadie los ha visto ejercitando la mencionada pirueta. Así que no te preocupes más por la fanfarronada de tu querido padre. Y venga, marcha para casa, que ya te echarán en falta en ella.
Y Carliños allá se fue, con la mosca detrás de la oreja, pues las palabras de mi tío le habían dejado muy claro que la información que le había proporcionado era vaga, incompleta y un tanto infantil.
A mi tío se le entristeció la mirada, pues en él anidaba una respuesta mucho más ajustada a la realidad.
NOTAS A PIE DE PÁGINA
[1] Calma podre: se dice así a la ausencia total de viento en el mar.
[2] O Mentireiro: el Mentiroso.
[3] Colo: regazo.
[4] Catoira: El municipio de Catoira está situado en el interior de la ría de Arosa, en la desembocadura del Río Umia, provincia de A Coruña. Este privilegiado enclave guarda una de las joyas del prerrománico de Galicia: las Torres do Oeste. El primer domingo de agosto tiene lugar la Romaría Vikinga, celebración declarada de interés Histórico-Artístico. Dicho día, las torres son atacadas por los vikingos en una fiesta que recuerda la importancia de esta edificación en la defensa de la comarca a lo largo de los siglos. Miles de personas presencian la escenificación de una batalla entre galaicos y vikingos, representados estos últimos por habitantes de la localidad danesa de Frederiksund, con la que Catoira está hermanada.
[5] Carliños o do anel: Carlitos el del anillo.
[6] Mentireiros: mentirosos.
[7] Malandrines de la horizontal: eufemismo para denominar a los mentirosos y tramposos de la ‘cama’.

1 comentario:

Pilar dijo...

Me parece muy acertada la respuesta de tu tio, para que se va a meter en mas berenjenales si un niño en temas de la "Horizontal" no llegaría a comprender, bueno eso serían los niños de antes , porque los de ahora nos dan veinte vueltas.
La mirada de tu madre, genial, me recuerda a la mía que con una mirada nos decía todo.
Me ha gustado mucho.
Tu fiel seguidora. PILAR